Ciudad Postguerra

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Ciudad Post Guerra

Ciudad Post Guerra

A Carlos Varela, por Habáname.

Por: Darío Alejandro Escobar

La Habana vista desde los últimos pisos de un edificio muy alto -digamos el Hospital Hermanos Amejeiras- parece una ciudad triste y melancólica, suplicante. Nada más lejos de la verdad, y, al mismo tiempo, no existe una verdad más grande en este país.

La Habana vu du ciel cambia su estado de ánimo en dependencia de la ausencia o de la presencia del sol. De noche, es la ciudad de eterna juventud, de juerga ilimitada, de libertad carnavalesca y aventurera donde todo es posible. Donde todo se ve. La Habana es una ciudad vampira en el Caribe surrealista.

Sin embargo, hoy sufro a la Habana iluminada y calurosa, sucia, triste y bullanguera. De nuevos burgueses y viejos mendigos. Donde la única verdad segura es que todo es una incertidumbre constante. De esa Habana, vista desde el cielo, te cuento hoy, mi lector penitente y curioso.

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Ay peña, peñita, peña…

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Bladimir Zamora y Sindo Garay

BAUTIZO

A las cinco y media, no te demores, me dijo, hoy voy a empezar temprano. Lo vi irse con su andar pausado, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Tenía el pelo blanco, rizo, un poco despelusado; estaba gordo, parecía Carlos Marx caminando por la calles de la Habana Vieja. Habíamos pasado la tarde en la redacción de la revista. Hablamos de literatura. Le conté de mis inclinaciones a la narrativa, el ensayo. ¿Y la poesía?, me Sigue leyendo

Crímenes de lesa literatura

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Crímenes de lesa literatura

Libros desechados en las calles

Por: Darío Alejandro Escobar

I

La primera vez fue en la Facultad. Disfrutaba de los imprescindibles cinco minutos entre turno y turno de clases. Llega un amigo, graduado ya, y apurado me dice:

—Compadre, ayúdame a traer unos libros hasta el lobby de la facultad para que la gente se los lleve, porque en mi trabajo me mandaron a botarlos.

—¿A botarlos? ¿Pero cómo qué a botarlos?

—Sí, brother, tú sabes cómo es esto, dale vamos. Sigue leyendo

Retrato íntimo de un hospital enfermo

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Por: Darío Alejandro Escobar

El cartel que te recibe es más que ilustrativo, Peligro: No acercarse.  Es la última advertencia. Sin embargo, en este punto del camino no queda otra alternativa que proseguir. Este hospital tiene una temperatura fría, gris, de rápido y deseado olvido. Posee la textura de las películas de Eliseo Subiela. Parece otro país. Nada que ver con el calor, la luz y el verde de la yerba primaveral. Nada de eso. Solo frío. Sigue leyendo

Domingo de Fotografía

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los50-2

Por: Darío Alejandro Escobar

La luz del sol, que ya se va, trata de colarse entre los nubarrones que ensombrecen el cielo cubano de estos días. Es una luz que intenta, casi con desesperación, sobreponerse a la oscuridad. La luz se refleja en la ventana y los balcones de los hoteles de Miramar donde los turistas maldicen el clima más que los nacionales. Turistas que deciden hacer el amor para matar el tiempo muerto de esta lluvia impertinente. El P1 va y viene. Su recorrido, de todos los autobuses de la Habana, es una metáfora del (sub)desarrollo. Sigue leyendo

Reflexiones sobre Arte, Literatura y Política gracias a la Argentina

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Su-coherencia

“De todos los oficios terrestres, el violento oficio de escribir era el que más me convenía.”
Rodolfo Walsh

“¿Qué hace que una persona sea quien es?
No la música o el ripio de sus palabras,
no las líneas del cuerpo, nada que esté a la vista.
Tomás Eloy Martínez

“ !!! Dejá de pensar en eso!!!!Dejá de pensar!!!
Luis Puenzo

Por: Darío Alejandro Escobar

La Historia de América Latina es una historia de sufrimiento, de sueño y utopía. Cada día que pasa me convenzo más. Esta semana de un tirón me he leído Purgatorio de Tomás Eloy Martínez, El violento oficio de escribir–una selección de textos periodísticos- de Rodolfo Walsh y he visto el filme La historia oficial de Luis Puenzo. Los tres textos –dos literarios y otro audiovisual- tienen algo en común. Tratan sobre la situación de la Argentina dictadura.  El consumo de estos materiales no fue premeditado, sino, al contrario, por motivos de azar. Pero el azar siempre nos sorprende. Sigue leyendo

Dialéctica de la disciplina en Cuba

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reglas

 

Para varios amigos y otros no tanto.

 

Por: Darío Alejandro Escobar

Existe una equivocada interpretación de que la disciplina es seguir todo el tiempo las reglas impuestas por las estructuras de poder. Todas las sociedades crean estereotipos que intentan moldear al ser humano en función de lo que esta necesita.

La Revolución Cubana se vio obligada a adquirir un carácter militar desde su inicio, por lo que estas estructuras predominaron en casi todas las fases de su desarrollo histórico. Para llegar al poder tuvo que suceder así. Desde entonces, el desarrollo institucional cubano ha estado mediado por este elemento.

Por suerte, casi siempre hubo líderes con la altura intelectual y la autoridad moral suficientes como para superar o mejorar estas instituciones hasta donde su vida y sus circunstancias les dejaron. Pero aunque fue la solución muchas veces, también era parte del problema.

En la Cuba de hoy la dificultad reside en que el ciudadano es culturalmente indisciplinado y las instituciones que componen los aparatos ideológicos del estado promueven un ciudadano dogmático. Sigue leyendo

Coherencia

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Che Guevara

¨No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca,  y cuando reconozca en mí que la llama sagrada  ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva,  lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda.¨

Carta de Ernesto Guevara a su madre México, 15 de julio de 1956

Por: Darío Alejandro Escobar

Suscribo.

La petite morte

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Escribo literatura, escribo periodismo, escribo…

 

Por: Darío Alejandro Escobar

Me gusta pensar la literatura como una femme fatal. Esa mujer que te absorbe, te cuesta, te mata, te droga, te hiere y a ratos te ama, pero de la que no puedes escapar, si alguna vez probaste sus encantos.

Quisiera sentir el periodismo como ese romance imposible, como alcanzar ese horizonte lejano, la cima de Popocatépetl, como el noviazgo perfecto en una adolescencia eterna.

Intento atrapar la palabra justa, la exacta, la hostil, escurridiza, bella como una orquídea exótica en lo profundo de esa selva amazónica. Sigue leyendo

Ocho definiciones de Korimakao

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Ensayando. Foto: Alba León

Ensayando. Foto: Alba León

A Porto, Cuco, y Gretel, por la gentileza.

Por: Darío Alejandro Escobar

1. Korimakao es una esencia. Eso que cuando se descubre y define, es necesario defenderlo hasta al final, porque se corre el riesgo de ser menos que nada.
2. Korimakao es un mito, un mito muy popular, porque mucha gente ha escuchado de él, pero pocos lo conocen realmente. Conocer Korimakao es un lujo, un privilegio para el alma, porque la alimenta de belleza.
3. Korimakao es un antítodoto, un remedio contra el mercado, contra la vida agitada de la capital, contra los materialismos perversos. Es un proyecto revolucionario que lucha contra la postmodernidad, que le hace la guerra a la zozobra económica con aquella sentencia dicha por un gigante, que en medio del abismo, zanjó el debate con “…la cultura es lo primero que hay que salvar”.
4. Korimakao es sueño hecho realidad, compartido por mucha gente, que va y viene, que se queda, que se lleva dentro. Korimakao es un oasis en medio de la ciénaga, una ciénaga que alguna vez fue sitio olvidado y hoy es símbolo de libertad.
5. Korimakao es una utopía, una utopía bañada en pueblo y juventud, como las obras genuinas. Es una metáfora de la Revolución, un proyecto que intenta sobrevivir solo con la fuerza, la voluntad y la inteligencia de su gente.
6. Korimakao es un animal, un oportuno que “pide prestado” la casa de un amigo para llevarla a cuesta y sobrevivir. Es una actitud ante la vida, es compromiso, es disciplina, es profesionalidad, es talento.
7. Korimakao no es Un paso adelante, ni Step up, ni Camino a la fama. Korimakao es Korimakao, un obra real, sufrida y alegre, nunca una construcción mediática hecha por la industria del engaño.
8. Korimakao es una esencia, un camino sin marcha atrás, algo que marca profundamente a todos sus integrantes, y quizás al viajero distraído, cuando escucha que, “no es lo mismo estar en Korimakao, que ser un korimakao”.