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Escena clásica de nuestra niñez.

Escena clásica de nuestra niñez.

Por: Darío Alejandro Escobar

Me molesta la actitud asumida por muchos de nuestros mayores  cuando nos adjetivan, nos desprecian, nos disminuyen como generación.

“Nosotros estuvimos en Girón, en la Crisis de Octubre, escuchamos a los Beatles, lloramos cuando mataron al Che “ dicen los de la década del 60´, “Nosotros estuvimos en la Zafra de los Diez Millones, fuimos al Congreso del Partido, inauguramos Angola, nos reprimieron en el Quinquenio”  dicen los del 70´, “Lo nuestro fue la Rectificación de Errores, el renacer de la plástica y la prensa, repudiamos cuando el Mariel, vimos la caída del campo socialista” dicen los de los 80´.

Después de esta ristra de méritos históricos, lo más interesante es que una parte de nuestros predecesores coinciden en la misma pregunta agresiva y descalificadora hacia los nacidos en los 90´: ¿Qué han hecho ustedes?

Esta escena es probablemente muy común en los espacios de socialización intergeneracionales, como la casa y la escuela. Es un ejercicio de legitimación histórica que tiene como objetivo personal y generacional el no reconocimiento del posible éxito en un futuro apelando a un pasado épico.

Esta posición además de falsa, es injusta, porque cualquiera podría deducir, en un análisis sencillo, que nuestros abuelos y padres no hicieron todo lo que cuentan,  es posible que nunca estuvieran en Girón, que se hayan enfermado en la Zafra de los Diez millones, que le hayan huido al servicio militar para no ir a Angola, o que se le aflojaran las piernas cuando observaron el derrumbe de la URSS. Eso también es cierto y nadie lo menciona, pero es realmente muy cómodo escudarse en el argumento de “en mi tiempo las cosas eran así y nosotros hicimos esto”.

Por eso cuando me preguntan “¿Qué has hecho tú?”, inquiriéndome no como individuo siquiera, sino a mi generación, yo respondo: “Lo que me ha dado la gana”. Puede parecer una respuesta inmadura, pero es cierta, natural.

Podría corresponder a su lógica argumentando que mi generación fue la de la Batalla de Ideas, la de las marchas por el regreso del niño Elián, la última en estudiar en Secundarias y Preuniversitarios becados en el campo, la de los funestos Profesores Generales Integrales.. pero.. eso sería, como mínimo, una mentira. Por la sencilla razón que si algo caracteriza a mi “generación” es la diversidad, la tolerancia y el rechazo a toda la épica atomizadora del individuo en acciones de la masa.

Una buena parte de mis congéneres se han ido del país, otros no se han ido pero ni siquiera les interesa el proceso revolucionario, unos pocos (no tantos como muchos creen, ni tan pocos como algunos quisieran creer) nos comprometemos e insertamos en un proceso que nadie sabe hacia dónde va, pero del cual sería un suicidio político no participar. Y todos somos parte de un mismo país y nos sentamos a compartir en una fiesta sin ningún problema.

Mi generación no se reconoce en el nosotros anónimo, sino en el tú. Este es un síntoma peligroso, pero es verdadero, genuino y quizás hasta más justo.

Algunos dirán que mi “generación” no tiene compromiso, que no participa, que no les interesa nada. Ese es un discurso facilista, generalizador y que es reproducido, incluso, por muchos de los de mi “generación”. Lo que sucede es que entendemos el compromiso de otra manera, no siempre incondicional, exclusivista e intolerante; queremos participar, no ser títeres ni pésimos actores del círculo político mediático, y lo que nos interesa habría que analizarlo desde los pequeños grupos y las individualidades, no desde la superestructura.

Mi generación no es una generación, como no lo fue ninguna otra. En todos los momentos históricos han existido jóvenes egoístas, revolucionarios, cobardes, virtuosos, moralistas, valientes, pusilánimes, desprendidos y traidores.

Por eso cada vez que me preguntan por mi “generación”, siempre me acuerdo de la anécdota contada por aquel profesor brillante acerca de la Generación del Centenario. El docente, después de vernos discutir furiosamente, nos soltó muy parsimonioso:

“Recuerden muchachos, que mientras Fidel, Abel, Raúl y el resto del grupo asaltaban el Moncada, Santiago estaba de carnavales y en el resto de Cuba todos dormían apaciblemente.”

Por favor,  no me ponderen más a su generación. Eso no existe.

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