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los50-2

Por: Darío Alejandro Escobar

La luz del sol, que ya se va, trata de colarse entre los nubarrones que ensombrecen el cielo cubano de estos días. Es una luz que intenta, casi con desesperación, sobreponerse a la oscuridad. La luz se refleja en la ventana y los balcones de los hoteles de Miramar donde los turistas maldicen el clima más que los nacionales. Turistas que deciden hacer el amor para matar el tiempo muerto de esta lluvia impertinente. El P1 va y viene. Su recorrido, de todos los autobuses de la Habana, es una metáfora del (sub)desarrollo. El ómnibus termina en el Paradero de Playa, pasando por el Vedado y Miramar, llegando desde el Cerro y Diez de Octubre, hasta San Miguel y el terminar en el Diezmero, un suburbio para nada complaciente. Espero el P1 en 19 y 70, observo a los turistas, los recreo, me emociono frente a la luz del sol que puja por salir y me golpea esta secuencia de señora indigente con decenas de latas de cervezas junto a una niña -acaso su hija- que se entretiene en aplastarlas y guardarlas en nylons negros utilizados para basura. Todo esto en un plano secuencia algo patético.

Hay en la imagen varios delitos. Delitos morales y estéticos. El pobre ha aprendido con rapidez la composición fotográfica de la miseria por necesidad. Es totalmente justificable. Sin embargo, una madre no debe, creo yo, bajo ningún concepto, exponer a su hija para tales menesteres en pos de conseguir una limosna en cuc. No en Cuba. Los otros crímenes ya son grotescos pero terminan el óleo de la injusticia. Es criminal que un limpiapisos canadiense presencie esta escena junto a mí y, como si fuera poca cosa, haga un gesto de desprecio. Porque entiende, como yo, la composición fotográfica de la miseria, pero no lo conmueve. A mí en cambio, me entran ganas de llorar y al mismo tiempo un deseo casi incontenible de partirle la cara allí mismo por perro insensible. Lo miro con esas intenciones y él cambia la cara y se aleja tambaleante hacia el Hotel Panorama. Está borracho. Hay también otros crímenes a niveles macro, visibles, en este gesto. Les hemos permitido a los turistas, en demasiadas ocasiones, reírse de nosotros, pisotearnos por las divisas que se gastan, como si nos hicieran un favor. En esto tenemos culpa todos; todos. Y no quiero ver cuando vengan los americanos.Debemos ver cómo reconfiguramos esta sociedad para que estas cosas sucedan cada vez menos. Da pena..y rabia.

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