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Muestra Joven ICAIC 2017

Por: Darío Alejandro Escobar

Gemidos, contorsiones, rasgaduras, alguien grita. Los más adelantados alcanzan a entrever algunos movimientos sinuosos de cuerpos semidesnudos. No hay luz, los caminos tradicionales están cerrados y los guardianes te indican autoritariamente para dónde ir. Largos pedazos de telas rojas interrumpen la poca visibilidad existente. Los primeros que llegan a sus asientos prefieren la comodidad de los mejores puestos. A los que llegan después no les queda otra salida que ir hacia delante y protestar. El cine se llena. Esta es la crónica de la primera noche de Muestra Joven y también la metáfora del país.

Ya estamos dentro y vamos viendo lo mejor del show ¿Qué nacerá de esa crisálida que se mueve? ¿Será una mariposa deslumbrante o quizás un monstro amorfo depredador de realidades? Lo que sea que nazca, pronto lo veremos y dependerá de nosotros mismos aceptar una muerte temprana o un crecimiento sólido.

Hay algo de impertinente en el gesto de volver a reunirse todos los años para discutir, insomnes, los sueños y sacrificios de la creación audiovisual hecha por jóvenes a lo largo de todo el territorio nacional y algo más allá. Hay algo de ruptura, pero también de continuidad memorial.

El tiempo, que todo lo mancha, ha querido sonreírnos y otorgarnos la mayoría de edad, si no de recursos a nuestro alcance, por lo menos en algunas libertades de movimiento, decisiones y compañías. Los nacimientos y desvirgues tienen en común el dolor, la torpeza, pero casi siempre, la hermosura del despliegue.

La Muestra Joven ICAIC en su decimosexto aniversario insiste en exhibir los temas que nos obsesionan, las formas que deseamos imitar o destruir. No podemos negar que un instinto parricida nos domina de vez en cuando porque ya necesitamos coronar a nuestros propios príncipes.

En el cine Chaplin por estos días se proyectarán–nuestras- historias sobre juventud, diversidad sexual, infancias, geografías, pertenencias. Algunas velas que traemos encendidas se apagarán, otras incendiarán el espacio. Los cantos que entonamos, de ópera o folclor, nos darán el consuelo y el valor de los que fundan.

El llamado esta semana será diario. El trabajo será agotador, el visionaje exhaustivo, la crítica mordaz y fraterna, el baile nocturno y la resaca asesina. En las madrugadas de goce se tejerán planes de cama, pero también guiones, rodajes y nuevas producciones para volver a vernos en el próximo año. Hay que estar atentos.

Hacer cine en Cuba, así como vivir en ella, es un acto de fe. Los jóvenes que se reúnen hoy en noche de espectáculo no nos tenemos más que nosotros mismos para filmar nuestros sueños y pesadillas. Ahí está nuestra rareza pero también nuestro signo.

Publicado en El Bisiesto. Publicación diaria de la Muestra de Cine Joven ICAIC

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